EL SUSURRO DEL RÍO
Kylian, un niño de diez años, vivía en un pequeño pueblo de Tumaco
rodeado de piedras y un río caudaloso. Desde que su madre falleció, pasaba las
tardes solo, sentado en la orilla, lanzando piedras al agua. Su padre trabajaba
todo el día en el campo, y aunque le prometía que jugarían juntos algún día,
ese momento nunca llegaba. Una tarde, mientras dibujaba figuras en la arena,
escuchó un susurro en el río. Al principio creyó que era el viento, pero la voz
lo llamaba por su nombre. "kylian... ven a jugar", susurraba una voz
suave y cristalina.
Intrigado y sin miedo, kylian comenzó a hablar con el río. Cada tarde le
contaba historias, y el agua respondía con susurros y pequeñas olas juguetonas.
Creía que el río era su amigo, un espíritu que lo entendía mejor que nadie. Con
el tiempo, su padre notó su comportamiento extraño. "Los ríos no hablan,
hijo, solo es tu imaginación", le decía con preocupación. Pero kylian
estaba seguro de que el río le hablaba y que había algo en sus profundidades
que quería conocer. Una noche de tormenta, escuchó el susurro más fuerte que
nunca: "Ven, kylian... aquí nunca estarás solo". Sin pensarlo, corrió
bajo la lluvia hasta la orilla.
Al llegar, el río rugía con fuerza, como si estuviera vivo. kylian
sintió miedo por primera vez, pero cuando miró las aguas, vio el reflejo de su
madre sonriéndole. Dio un paso adelante, pero en ese momento, su padre lo tomó
del brazo y lo alejó del borde. "No es real, hijo", le dijo con
lágrimas en los ojos. kylian, confundido, miró el río una última vez y la
imagen desapareció. Desde entonces, dejó de escuchar los susurros, pero en su
corazón entendió que el río no era su enemigo, sino el eco de su tristeza.
Aprendió que los recuerdos no desaparecen, pero que debía que seguir adelante,
y con el tiempo, encontró en su padre el consuelo que tanto buscaba.
"El cuento se ha ido, pero su eco sigue en el viento